“Soy Robert De Niro, ¡párteme la boca!”

Cultura Inútil

El actor Robert De Niro es capaz de todo por meterse en el papel, y de todo significa, entre otras muchas cosas, destrozarse los dientes

Robert de Niro es uno de esos actores de método que se toman su trabajo muy en serio y que son capaces de cualquier cosa por hacer más creíble su papel, aunque no es el único.

Estamos acostumbrados a que cambien de una película a otra su aspecto físico. Christian Bale, por ejemplo, comió una única manzana al día durante el rodaje de El Maquinista, para el que llegó a perder 30 kilos. Kate Winslet, habló con su entorno con acento alemán durante la preparación de su personaje en The readerMichelle Williams se ató con una cuerda los tobillos para aprender a juntar las piernas tal y como lo hacía Marilyn Monroe. Forest Whitaker aprendió a hablar swahili y varios dialectos africanos para interpretar al dictador ugandés Idi Amin en El último Rey de Escocia.

Sin embargo, hay algunos actores que se meten tanto en sus papeles que nos cuesta imaginar que, después del rodaje, puedan volver a su vida como si nada. Shia Labeouf lo llevó al extremo para la película Corazones de acero, donde interpretaba a un soldado americano que debía enfrentarse al ejército nazi con compañeros de excepción como Brad Pitt o Logan Lerman. Al día siguiente de conseguir el papel, se alistó en la Guardia Nacional de EE.UU, se hizo un tatuaje, se hizo cortes en la cara, se arrancó un diente y se martirizó durante días viendo cómo morían caballos. El año anterior, para Charlie Countryman, decidió probar las mismas drogas que consumía su personaje.

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Y no fue el único que recurrió a experimentar las mismas sensaciones que su personaje. Jack Nicholson decidió probar la terapia de electrochoque para entender mejor a Randle Patrick McMurphy en Alguien voló sobre el nido del cuco. Otro que puso su vida en peligro fue Daniel Day Lewis. Para encarnar a Bill the Butcher en Gans of New York vistió, dentro y fuera del rodaje, con ropa de la época, negándose a llevar prensa de abrigo. El resultado fue una neumonía por la que estuvo a punto de morir por negarse a tomar medicamentos que no existieran a finales del SXIX.

Gracias a nuestras píldoras de Cultura Inútil hemos sabido que a Mothörhead le encantan los huevos, que Elvis era en realidad rubio y que Madonna es Brontofóbica. Ahora también sabemos lo que hace Robert De Niro para hacerse con un papel: lo mismo se saca una licencia de taxi que le pide a su dentista que le parta la boca.